5.- GIRANDO PARA ELEVARNOS
El peregrino necesita de un símbolo para poder limpiar su vida. Al igual que uno asea su cuerpo para eliminar las impurezas que se adhieren a él y evitar así su mal olor, el peregrino desea retirar la carga que supone llevar en su conciencia la cantidad de actos deleznables que hace a lo largo de su vida, tanto consciente como inconscientemente. Y para ello ha elegido la peregrinación: el ir caminando hacia un lugar por devoción o por voto.
La peregrinación del Kailas consiste primero en llegar, evidentemente. Lo cual, y si habéis leído lo escrito hasta ahora, tiene su aquél. Después se trata de hacer lo que los tibetanos llaman LA KORA: dar una vuelta a la montaña desde su base siguiendo la dirección de las agujas del reloj (los seguidores bön la hacen al contrario). En total 53 kmts siguiendo un escarpado camino entre las montañas más altas del mundo. Hasta aquí llegan no sólo los tibetanos sino desde hace más tiempo incluso, los Hindúes. Para ellos el Kalias es sencillamente el trono de Siva, Dios de la destrucción y la fuerza que proviene del ascetismo. Hacer la Kora para los indios es pues un viaje hacia el más allá, una entrada directa al reino del absoluto.
Los tibetanos la hacen con intención de hacer méritos (como puntos que ganan para próximas reencarnaciones) y limpiar su karma (Su pasado de pecados). Pero emplean también una fórmula absoluta. Si el peregrino realiza la kora haciendo postraciones en lugar de caminar, entonces su vida del pasado con sus errores y malos actos, quedan borrados y comienza uno por así decir, una nueva vida espiritual. Para hacer la kora caminando se emplean generalmente tres días, aunque los tibetanos, acostumbrados a las alturas, pueden hacerlo incluso en uno. Para hacer la kora en postraciones se emplean nada menos que unas 3 semanas! Vuala.
PRIMER DÍA DE KORA.-
Se sale desde el pueblo que sirve de campo de base, Dorchen, pequeño pueblo donde lamentablemente los chinos están haciendo una especie de barracones que servirán de casas para los tibetanos (sin baño ni cocina ni agua) y de hotel para los que vienen de fuera. El grupo sale en coche hasta donde han contratado los yaks que servirán para transportar los bultos durante la ruta. Mientras suben la carga en los animales, nosotros nos adelantamos al grupo para ir a paso más tranquilo.
Desde el inicio del camino nos adentramos en una especie de cañón que será el túnel natural por donde se internan todos los que comienzan la kora. El cañón recuerda en su color y formas a la arquitectura rocosa que vimos este mismo año cuando viajábamos por Australia. Nos referimos a las Orgas o, en idioma aborigen Kata-Juta. Una zona sagrada también y que con sus formas y colores le daban el mismo aspecto mágico o lunar que el que veíamos ahora a muchos kilómetros de distancia. Sincronías de la naturaleza sagrada.
Pronto se llega al primer paso, lugar donde los tibetanos hacen un mala (rosario tibetano) de postraciones (108). Allí nos encontramos con una familia totalmente tribal que visten los gruesos faldones multicolores tibetanos. A pesar de que no nos entendemos, les invitamos a butter tea y jugamos un rato con los niños. De nuevo comprobamos como la sonrisa puede sustituir perfectamente a las palabras, como de sobra sabe todo viajero.
Las postraciones las realizan frente a la cara sur del Kailas, una imponente visión de la cumbre que deja ver incluso una formación natural que se asemeja a la svástica hinduista y que tiene una connotación muy sagrada para su religión.
Afortunadamente luce un buen sol y el camino es un estupendo paseo más que un treking por el Himalaya. Cuando han recorrido unos 15 kmts llegamos al punto donde pasaremos la noche, bajo la cara dorada del kailas. En frente se levanta el único monasterio que se ha reconstruido después de que los chinos destruyeran todos lo existentes, el Dira – Puk, que sirve de base para muchos indios y tibetanos que carecen de tiendas, mantas, etc.
SEGUNDO DIA DE KORA.-
Girar y girar. El dar vueltas alrededor de un templo, un punto sagrado o sobre uno mismo es, desde tiempos inmemorables, un acto del ser humano para abrir sus circuitos de consciencia más elevados y unirse de alguna forma con la sabiduría que nos viene del cielo. Inteligencias superiores? Extraterrestres? Dios o Dioses con poder creador y destructor? Energía divina que intuimos pero no conocemos? El que seamos seres limitados no quiere decir que seamos tontos. La razón no nos da la medida de todo, y es por eso que desde que el hombre realizó sus primeros ritos funerarios, sigue preguntándose sobre su destino y el del propio universo. Los budistas giran alrededor de la Stupa, los musulmanes alrededor de la Meca, los sufís lo hacen sobre sí mismos, pero todos con la misma intención de instalar una escalera al cielo en sus vidas, de elevarse sobre los impulsos más terrenales de supervivencia, dominación de territorio y sexo, de seguir la evolución para la que ya estamos preparados (nuestro lóbulo cerebral derecho aún está esperando a ponerse verdaderamente en marcha) y ampliar nuestros límites de consciencia hasta llegar a a poblar otras partes del universo, viajar más rápido que la luz o ser sencillamente inmortales. Si no giramos, si no buscamos ese mundo mejorado, ningún dios podrá salvarnos: pereceremos en esta tierra que fue a la vez cuna y mortaja de nuestra existencia.
El girar alrededor de una montaña tan especial como el Kailas es una oportunidad para replantearse la vida. Desde luego es también un bonito paseo, y cualquiera que venga hasta aquí podrá disfrutar de unas vistas impresionantes y una naturaleza explosiva. Pero todos necesitamos una oportunidad. Ver desde la distancia y la altura nuestro recorrido por la vida, es algo que no debemos desaprovechar. ¿Estamos en el lugar que queremos estar? ¿Hacemos lo que queremos hacer? ¿Hay posibilidades de cambio? El Viajero verdadero es el que viaja por dentro.
El segundo día de Kora iba a ser el más duro, así que el grupo emprendió la marcha temprano, dispuestos a ascender hasta el punto más alto del camino, el Paso Drölma-La, a 5.630 mts. Sin prisas y con muchas pausas,- nosotros no estamos acostumbrados a caminar con tan mínima cantidad de oxígeno en la sangre, así que no nos importaba ver cómo mujeres, hombres, niños y ancianos tibetanos nos adelantaban a velocidad de infarto-, íbamos admirando un paisaje sin igual. El día estaba bastante despejado y permitía ver a menudo la cumbre del Kialas, majestuosa y silenciosa (¿no deberían ser así los dioes, meros observadores?) y según ascendíamos hacia el paso, se iba abriendo a su vista un impresionante glaciar que contrastaba con la negrura de las paredes que lo albergaban. Los ultimos 1000 metros fueron los peores, a cada 20 pasos debíamos de parar a tomar aire, agotados. Pero esa es la forma de quedarse con los detalles, como el que vimos sobre una pequeña loma. Estaba esta totalmente cubierta de ropas, zapatillas, fotos, etc. Este punto le llaman el Shiva-Tsal que simboliza la muerte de nuestra vida anterior. El devoto deja ahí algo que la represente, como puede ser tanto lo descrito como mechones de pelo y hasta gotas de sangre.
Al llegar al Paso Drölma-La, admirarmos de nuevo la facilidad que tienen los tibetanos para hacer de un lugar lleno de piedras y en mitad de la nada, un templo natural. Sus banderas de oraciones, sus ofrendas y toda la energía que generosamente ofrece todo aquel que pasa por ese punto, han convertido este alto en lugar especial. Pero los kilómetros que quedan son muchos, así que el grupo sigue adelante.
Bajar es algo que el cuerpo agradece a cada metro. Mejora el humor, hablan unos con otros, corren o se paran por capricho. Incluso nos alejamos unos metros del camino para pisar el hielo endurecido de una pequeña lengua de glaciar. También hay tiempo para admirar tres pequeños lagos verdes que para los hindúes tienen un significado especial. Es el Sauri Kund o lago de la compasión. Allí muchos se sumergen en sus aguas incluso rompiendo el hielo en invierno! En este lugar estuvo tiempo meditando uno de los Bodisatbhas tibetanos más queridos, Milarepa y una huella sagrada se conserva cerca de este lago.
Descendiendo por un escarpado y nada fácil camino, se llega hasta la ribera del río. Pensamos que ese es ya el final del treking por hoy, pero desgraciadamente quedan aún 3 o 4 horitas. Así que después de un breve descanso, emprendemos de nuevo la ruta. Afortunadamente el camino es plano y muy bello, dibujándose continuamente la silueta del Kailas y otras montañas cercanas al otro lado del río. Cuando llegamos al campamento después de recorrer 18 Kmts, estábamos rotos, así que a pesar de la altura, dormimos como ángeles.
TERCER DIA DE KORA.-
Justo frente al campamento había un monasterio muy importante llamado ZUTUL – PUK, que alberga la cueva donde dicen que Milarepa pasó buena parte de su vida de asceta, componiendo sus famosos cantos budistas. Incluso se dice que en este monasterio tuvo una famosa confrontación filosófica entre el santo Milarepa y el poeta NARO-BÖNCHUNG, perteneciente a la escuela Bön.
Lo que quedaba de Kora era ya pan comido comparado con la subidita del día anterior. Ahora en el paseo nos deleitábamos contemplando las rápidas aguas del río que daban frescor y verdor a un paisaje que en escasas ocasiones abandona su austeridad desértica. Piedras pintadas con mantras, fundamentalmente el OM MANI PEDME HUNG, salpicaban el camino de colores y formas graciosas. Vimos incluso como algunos peregrinos habían traído sus herramientas para esculpir primero y colorear después, alguna roca y así ganar méritos. La montaña sagrada lucía en sus faldas una colección especial de graciosos colores. Piedras de color verdoso malaquita, amarillo sulfuro, negro volcánico, daban al camino una vistosidad variopinta. Era como si la kora despidiera a sus visitantes con un regalo a sus ojos después del sufrimiento pasado.
Después de 10 kmts y con el cuerpo cansado pero el espíritu fortalecido, llegamos al coche que nos esperaba para comenzar el camino de vuelta. Han sido cinco días mirando por una ventanilla los paisajes más alucinantes que jamás habíamos visto. Luego tres días de Kora que nos sirven para caminar y reflexionar. Ahora nos queda volver. Otros cinco jornadas de centrifugadora corporal vagando por caminos desiertos y observando las montañas más altas de este mundo.
También tendremos tiempo para observar cómo la dignidad de este pueblo no ha descendido un ápice a pesar de la ocupación, a pesar de su pobreza, a pesar de las duras condiciones que exige el frío y la altura. Una dignidad que nos parece nace de su corazón y no de su bolsillo. Una dignidad inseparable de su humildad, carente de odio. Y una dignidad sustentada en una tradición que no desean mutar: Su lengua (una de las más profundas y filosóficas), su forma de vida (en estos parajes marcada fundamentalmente por su sentimiento nómada) y su religión: el Budismo Tántrico Tibetano, que tiene como máximo exponente aún en vida a Su Santidad el Dalai Lama.
Un nombre que les está prohibido mencionar, una foto que no pueden colgar, una sonrisa que a pesar de no ver, todos recuerdan y que en el fondo de sus corazones saben que les guiará en su tesón por sobrevivir como pueblo.
Nosotros volvemos hacia el lugar donde dicen que existe el mundo. Pero ya nada será igual después de haber conocido el Shangrila. Salud para todos.
Charo & Chema Lovers
domingo 30 de septiembre de 2007
LA AVENTURA DEL TIBET III
4.- HABITANTES DE UN PAÍS INSÓLITO
Los viajeros apenas consiguen dormir. Charo por un insomnio que suele puede estar producido por la altura y su escasez de oxígeno, y yo de nuevo por dolor de cabeza. Así que para ambos fue duro levantarse y comenzar un nuevo día. Era como si hubieramos estado toda la noche de juerga y nos levantáramos con la consabida resaca. Pero en esta ocasión se trataba de haber pasado una fiesta emocional motivada por las sorpresas propias de un viaje de aventura, donde la realidad ha de encontrarse e incorporase a uno mismo después de cada novedad visionada. En resumen, es en estos momentos cuando se echa de menos la vulgar vida rutinaria.
El camino de tierra transcurre ahora por lugares aún más inhóspitos que los descritos hasta ahora. Según nos alejamos hacia el oeste, la vida humana se hace menos presente. Las casas ya no se juntan en pequeñas aldeas, sino que salpican desordenadamente el paisaje o se mezclan con las pocas tiendas de nómadas que ya se van desplazando hacia el este, pues el invierno se acerca y es conveniente ir hacia tierras más bajas y donde la climatología sea más suave.
De esa ausencia humana hay sin embargo una multitud de seres vivos que parecen alegrarse. Nos referimos a la fauna, que hasta esos momentos estaba alejada de caminos y escondida en sus guaridas. Charo saca su cámara, yo los prismáticos. A lo lejos, en una estepa muy amplia, se divisa lo que parecen pequeñas cebras. Son Asnos salvajes, llamados por los tibetanos KYANG. Van en manadas dispersas, y desde la llanura miran al grupo motorizado más con sorpresa que con miedo. Unos kilómetros después aparecen las gacelas tibetanas (GOWA) y los antílopes, rápidos y desconcertados por nuestra presencia, luciendo una graciosa cornamenta peinada hacia atrás. Y más allá: Mirar eso! Avisa Sanghe. Es una pareja de zorros que antes de asustarse y echar a correr, se quedan pasmados y con ganas de preguntar: ¿Pero de dónde salen estos tíos?
Un par de aves zancuda grandes y no demasiado agraciadas –parece un avestruz enano- se pasea con tranquilidad sobre los verdes humedales. Y encima de pequeños montículos de arena seca yacen tumbadas al sol las adormiladas marmotas (CHIWA). En efecto, la naturaleza parece despertarse cuando el hombre desaparece.
Los viajeros siguen por la sinuosa carretera de tierra sin cruzarse con nadie. No hay casas, las tiendas de nómadas han desaparecido., los coches parecen haber decidido ir por otro camino. De pronto llegamos a un paso importante. Debe de serlo porque de nuevo las banderas de oraciones caen como formando una carpa de circo desde un mástil central, y todo el terreno que ocupa esa carpa sagrada está salpicada de piedras superpuestas (si se mantienen más de tres en pie es signo de buena suerte) y ofrendas en forma de ropa, fotos, etc. El conductor da una vuelta al templo natural tibetano y nos deja frente al nuevo valle. Y qué ven nuestro grupo aventurero? Parece agua, pero es mucha y aquí no hay mar. Es un lago, dice el guía, el lago sagrado Manosarovar, ahí lo tenéis.
Y allí estaba el lago que tantos peregrinos a lo largo de la historia del budismo han buscado para limpiar su karma. Es de forma elíptica, con un color azul zafiro muy especial, y está bien protegido por montañas enormes. Un lago que yace silenciosamente a 4.560 mts de altura y que da vida a ríos tan importantes como el Sutlej (principal afluente del Indo). A veces es reconfortante ver que algunos seres humanos hayan sido capaces de ver la excepcionalidad de algunos elementos naturales y les den la categoría de sagrado. Pero hubiera valido cualquier otra valoración que dignificara la presencia de este mágico lago.
Porque en realidad todo lo que rodea a éste área parece tocado por la varita de algún dios. Empezando por el anodino risco sobre el que está construido un viejo monasterio dedicado a Padmashambaba, deidad muy querida por los tibetanos. Curiosamente este peñasco que con su afilada cima parece apuntar al cielo (como si de una pagoda natural se tratase) se compone de unas piedras con aristas muy vivas y de un color achocolatado que las montañas más cercanas carecen. De hecho estas piedras parecen como si hubieran caído del cielo en forma de gotas de barro. Igual que cuando los niños juegan a construir castillos con arena mojada que dejan caer poco a poco de su puño cerrado. Dentro del monasterio hay una pequeña cueva de apenas 2 m2, con una estatua del Guru Rimpoché. Subiendo por unas escaleras se llega al lugar donde monjes y lamas realizan sus prácticas religiosas bajo la atenta mirada de los ojos del Buda Sakiamuni, que se erige como presencia más importante del altar. Un lama moja la palma de la mano de los visitantes para bendecir su presencia en esta tierra con gotas de agua sagrada. Allí me vienen la memoria un pasado en monasterios budistas buscando las enseñanzas de los gurus más destacados del momento. Gurus que se formaron en pequeños monasterios como el que hoy visitamos y que han tenido que abandonar la mayoría de ellos por la persecución de la revolución cultural china.
Apenas a dos metros de la orilla del lago se ha montado el campamento. Pronto nos va a ser útil pues una gran tromba de agua cae mientras todos nos refugiamos en nuestras respectivas tiendas de campaña. Después el aire queda tan fresco que Charo salir a dar un paseo alrededor del lago. Nos sorprende que a pesar del agua caída apenas hay charcos visibles. Todo parece haber sido absorbido por ese suave manto floral de color frambuesa que rodea esta parte del lago.
Después ocurrió algo que de nuevo plasmaré aquí casi de forma fotográfica, intentando que las sensaciones no nos arrastren hacia lugares imaginarios que pueblan generalmente los universos sólo visionados por chamanes o mentes conducidas por la alteración de sustancias psicodélicas. Empezó a llover de nuevo aunque no sustancialmente. Charo me pidió el chubasquero pero se nos había olvidado en el campamento. En ese momento nos volvimos y apareció ante nosotros la cabeza blanca de un monte inmenso. Era el Kailas sin duda alguna. ¡Habíamos visto tantas fotografías de esa montaña que parece surgir en medio de la nada! Los tibetanos creen que es el centro de los cinco reinos que componen el imaginario universo al que nombran Shambala. El monte Meru, Coronando simbólicamente la llanura de otro símbolo, el lago, como si la naturaleza hubiera querido imitar los símbolos masculino (lingam) y femenino (yoni) y dotarlos de una belleza que todo hombre pudiera recordar por siempre.
Mientras una lluvia fina moja nuestros rostros, vemos aturdidos la presencia de un Arco iris. Un arco iris completo que comenzaba exactamente en uno de los bordes del lago y acababa precisamente en el otro extremo. Al fondo y perpendicularmente a la línea multicolor, una nube nace en un punto lejano y va desplegándose de forma cónica hacia el punto del observador como si se tratara de una gran cabeza de león. Y rodeando al lago, laderas de piedras color cobrizo que con la extraña luz del firmamento se antojaba doradas. Y picos nevados al fondo. Y nubes negras a la derecha, y el kailas a la izquierda…
Es difícil asimilar el particular mensaje que parecía enviarnos la naturaleza. Sólo comprendíamos la armonía y sincronía que podía crear fugazmente la naturaleza. Igual que puede crear el caos más salvaje en forma de tormenta o erupción volcánica, por ejemplo. Dos polos de una tierra: belleza y caos. Y el ser humano destruyendo lo uno y lo otro como si de un dios se tratara, como si algo supiera cuando ignora lo más elemental: La propia naturaleza de su mente.
Los viajeros apenas consiguen dormir. Charo por un insomnio que suele puede estar producido por la altura y su escasez de oxígeno, y yo de nuevo por dolor de cabeza. Así que para ambos fue duro levantarse y comenzar un nuevo día. Era como si hubieramos estado toda la noche de juerga y nos levantáramos con la consabida resaca. Pero en esta ocasión se trataba de haber pasado una fiesta emocional motivada por las sorpresas propias de un viaje de aventura, donde la realidad ha de encontrarse e incorporase a uno mismo después de cada novedad visionada. En resumen, es en estos momentos cuando se echa de menos la vulgar vida rutinaria.
El camino de tierra transcurre ahora por lugares aún más inhóspitos que los descritos hasta ahora. Según nos alejamos hacia el oeste, la vida humana se hace menos presente. Las casas ya no se juntan en pequeñas aldeas, sino que salpican desordenadamente el paisaje o se mezclan con las pocas tiendas de nómadas que ya se van desplazando hacia el este, pues el invierno se acerca y es conveniente ir hacia tierras más bajas y donde la climatología sea más suave.
De esa ausencia humana hay sin embargo una multitud de seres vivos que parecen alegrarse. Nos referimos a la fauna, que hasta esos momentos estaba alejada de caminos y escondida en sus guaridas. Charo saca su cámara, yo los prismáticos. A lo lejos, en una estepa muy amplia, se divisa lo que parecen pequeñas cebras. Son Asnos salvajes, llamados por los tibetanos KYANG. Van en manadas dispersas, y desde la llanura miran al grupo motorizado más con sorpresa que con miedo. Unos kilómetros después aparecen las gacelas tibetanas (GOWA) y los antílopes, rápidos y desconcertados por nuestra presencia, luciendo una graciosa cornamenta peinada hacia atrás. Y más allá: Mirar eso! Avisa Sanghe. Es una pareja de zorros que antes de asustarse y echar a correr, se quedan pasmados y con ganas de preguntar: ¿Pero de dónde salen estos tíos?
Un par de aves zancuda grandes y no demasiado agraciadas –parece un avestruz enano- se pasea con tranquilidad sobre los verdes humedales. Y encima de pequeños montículos de arena seca yacen tumbadas al sol las adormiladas marmotas (CHIWA). En efecto, la naturaleza parece despertarse cuando el hombre desaparece.
Los viajeros siguen por la sinuosa carretera de tierra sin cruzarse con nadie. No hay casas, las tiendas de nómadas han desaparecido., los coches parecen haber decidido ir por otro camino. De pronto llegamos a un paso importante. Debe de serlo porque de nuevo las banderas de oraciones caen como formando una carpa de circo desde un mástil central, y todo el terreno que ocupa esa carpa sagrada está salpicada de piedras superpuestas (si se mantienen más de tres en pie es signo de buena suerte) y ofrendas en forma de ropa, fotos, etc. El conductor da una vuelta al templo natural tibetano y nos deja frente al nuevo valle. Y qué ven nuestro grupo aventurero? Parece agua, pero es mucha y aquí no hay mar. Es un lago, dice el guía, el lago sagrado Manosarovar, ahí lo tenéis.
Y allí estaba el lago que tantos peregrinos a lo largo de la historia del budismo han buscado para limpiar su karma. Es de forma elíptica, con un color azul zafiro muy especial, y está bien protegido por montañas enormes. Un lago que yace silenciosamente a 4.560 mts de altura y que da vida a ríos tan importantes como el Sutlej (principal afluente del Indo). A veces es reconfortante ver que algunos seres humanos hayan sido capaces de ver la excepcionalidad de algunos elementos naturales y les den la categoría de sagrado. Pero hubiera valido cualquier otra valoración que dignificara la presencia de este mágico lago.
Porque en realidad todo lo que rodea a éste área parece tocado por la varita de algún dios. Empezando por el anodino risco sobre el que está construido un viejo monasterio dedicado a Padmashambaba, deidad muy querida por los tibetanos. Curiosamente este peñasco que con su afilada cima parece apuntar al cielo (como si de una pagoda natural se tratase) se compone de unas piedras con aristas muy vivas y de un color achocolatado que las montañas más cercanas carecen. De hecho estas piedras parecen como si hubieran caído del cielo en forma de gotas de barro. Igual que cuando los niños juegan a construir castillos con arena mojada que dejan caer poco a poco de su puño cerrado. Dentro del monasterio hay una pequeña cueva de apenas 2 m2, con una estatua del Guru Rimpoché. Subiendo por unas escaleras se llega al lugar donde monjes y lamas realizan sus prácticas religiosas bajo la atenta mirada de los ojos del Buda Sakiamuni, que se erige como presencia más importante del altar. Un lama moja la palma de la mano de los visitantes para bendecir su presencia en esta tierra con gotas de agua sagrada. Allí me vienen la memoria un pasado en monasterios budistas buscando las enseñanzas de los gurus más destacados del momento. Gurus que se formaron en pequeños monasterios como el que hoy visitamos y que han tenido que abandonar la mayoría de ellos por la persecución de la revolución cultural china.
Apenas a dos metros de la orilla del lago se ha montado el campamento. Pronto nos va a ser útil pues una gran tromba de agua cae mientras todos nos refugiamos en nuestras respectivas tiendas de campaña. Después el aire queda tan fresco que Charo salir a dar un paseo alrededor del lago. Nos sorprende que a pesar del agua caída apenas hay charcos visibles. Todo parece haber sido absorbido por ese suave manto floral de color frambuesa que rodea esta parte del lago.
Después ocurrió algo que de nuevo plasmaré aquí casi de forma fotográfica, intentando que las sensaciones no nos arrastren hacia lugares imaginarios que pueblan generalmente los universos sólo visionados por chamanes o mentes conducidas por la alteración de sustancias psicodélicas. Empezó a llover de nuevo aunque no sustancialmente. Charo me pidió el chubasquero pero se nos había olvidado en el campamento. En ese momento nos volvimos y apareció ante nosotros la cabeza blanca de un monte inmenso. Era el Kailas sin duda alguna. ¡Habíamos visto tantas fotografías de esa montaña que parece surgir en medio de la nada! Los tibetanos creen que es el centro de los cinco reinos que componen el imaginario universo al que nombran Shambala. El monte Meru, Coronando simbólicamente la llanura de otro símbolo, el lago, como si la naturaleza hubiera querido imitar los símbolos masculino (lingam) y femenino (yoni) y dotarlos de una belleza que todo hombre pudiera recordar por siempre.
Mientras una lluvia fina moja nuestros rostros, vemos aturdidos la presencia de un Arco iris. Un arco iris completo que comenzaba exactamente en uno de los bordes del lago y acababa precisamente en el otro extremo. Al fondo y perpendicularmente a la línea multicolor, una nube nace en un punto lejano y va desplegándose de forma cónica hacia el punto del observador como si se tratara de una gran cabeza de león. Y rodeando al lago, laderas de piedras color cobrizo que con la extraña luz del firmamento se antojaba doradas. Y picos nevados al fondo. Y nubes negras a la derecha, y el kailas a la izquierda…
Es difícil asimilar el particular mensaje que parecía enviarnos la naturaleza. Sólo comprendíamos la armonía y sincronía que podía crear fugazmente la naturaleza. Igual que puede crear el caos más salvaje en forma de tormenta o erupción volcánica, por ejemplo. Dos polos de una tierra: belleza y caos. Y el ser humano destruyendo lo uno y lo otro como si de un dios se tratara, como si algo supiera cuando ignora lo más elemental: La propia naturaleza de su mente.
LA AVENTURA DEL TIBET II
1-. La Frontera
Para llegar a la frontera, primero se han de recorren 120 Ktms. desde Katmandú a través de una carretera que sigue la ribera del río. Tres horas de un camino espectacular, con puentes colgantes uniendo pueblos escarpados, gargantas de más de 1.000 metros de vertical y un río donde se practica el Rafting, dado su serpenteante y espectacular bajada.
¿Habeis visto alguna vez una frontera a 2.000 mtrs. de altura y con un desnivel de carretera de casi un 12%? Pues así es la línea que divide Nepal y Tíbet…¿o deberíamos decir China? Como territorio nos negamos a darle legalidad a la ocupación China, sin embargo para definir esta frontera tendríamos que decir que en su totalidad es el típico ESTILO CHINO ,- construcciones grandilocuentes con mucha fachada y poca utilidad, funcionarios aplicados a su función sin mostrar amabilidad alguna y que no se cortan en apuntarte con una “pistola/termómetro” a la frente para comprobar con qué temperatura entras en su país. También vemos las primeras pseudotiendas que venden desde cerveza a móviles y que tienen mucho parentesco con los todoacien de toda la vida.
Después de cambiar el jeep por un Land Croussier Toyota, hacemos la primera parada del viaje a tan solo 10 Kmts. La razón es que están ampliando y modernizando la carretera que une Jammu con Nyhalan y la ruta sólo queda abierta a partir de las 12 de la noche. Esta carretera tiene una importancia estratégica para China: es el nexo de unión con Nepal e India. Un mercado en potencia que el dragón amarillo no piensa desperdiciar
A las 12 comenzamos la subida. 30 kmts de baches, lluvia, niebla y oscuridad. Dos semanas después, cuando hacemos la misma ruta de día comprobamos la peligrosidad del camino. Sencillamente es la carretera que atraviesa el Himalaya! Pero luego volveremos a ella. Ahora solo comentaros que después de 4 horas de centrifugado corporal, llegamos a Nyhalam. Allí nos espera un hotelito tibetano, básico pero limpio, y los primeros síntomas de MAL DE ALTURA. Estamos ya a 3.850 mts. y la cabeza empieza a doler de lo lindo, lo que me impide pegar ojo y tener cara de pocos amigos cuando a las 9 de la mañana suena el claxon del Toyota. Bienvenido al Tíbet aventurero, país que llaman con razón “el techo del mundo”.
3.- LA NIEVE NACE EN EL DESIERTO.
Seguía nuestra pareja viajera dirigiéndose hacia el oeste, en busca de un objetivo, el Monte Kailas. Mientras, el coche sigue avanzando por anchos valles que en esta época, cuando el monzón está apunto de llegar a su fin, están aún cubiertos de frescos pastos y prácticamente inundados por la cantidad de agua caída. Observamos en el mapa del país cómo la montaña sagrada queda alejada de la gran cordillera del Himalaya por una depresión drenada al noroeste por el río Sutlej (principal afluente del río Indo y que nace precisamente de las aguas del lago Manosamovar) y al suroeste por el Tsangpo, o lo que es lo mismo el Alto Brahmaputra, otro de los ríos más importantes del sudeste asiático.
Cuando vemos las praderas tibetanas con sus yaks pastando, nos recuerdan al far west americano no sólo por el parecido del ganado, también por sus pastores a caballo que cubren su cabeza con sombrero estilo cowboy y la escasa vegetación que habita en el lugar y que permite tener visibles las reses en un radio de varios kilómetros. Cierto es que estos yaks son en su mayoría cruce de yak salvaje con ganado vacuno, y que su padre de especie, actualmente en peligro de extinción, puede llegar a medir hasta dos metros de altura y pesar una tonelada, cualidades que los híbridos actuales carecen. Sin embargo este útil animal logra abastecer un gran surtido de necesidades a los tibetanos: Son muy preciados como animales de carga; su leche es muy nutritiva y se extrae de ella una excelente mantequilla con la que elaboran el famoso butter tea; su carne es sabrosa y puede comerse tanto seca como cocinada (aunque a mi me pareció algo dura); su pelo se hila para fabricar cuerda y tejido, materiales con los que construyen sus tiendas,- y su piel curtida sirve para hacer diversos artículos de índole doméstico. Por último sus excrementos son el combustible que sustituye a la escasa madera que habita en estas altas extensiones de terreno. ¿Puede un animal ser tan útil al ser humano como lo es un yak para el tibetano?
Pero aún el día nos iba a deparar otras sorpresas. Lo bueno de viajar por estos parajes de climatología y modus vivendi extremos es que el contraste de elementos puede ser tremendo, incluso surrealista. Al atravesar un paso y acceder a otro enorme valle, se dibuja ante los ojos de los viajeros lo que pensaban que era un imposible de la naturaleza, un broma que les cuesta creer a pesar de tenerla de frente. Hacen parar el coche. Salen. Camino totalmente anonadado de frente queriendo tocar con mis pies lo que la razón me dice que no puede ser: Arena del desierto. Intenta lector hacer una cosa después de leer esta descripción, cierra los ojos e intenta imaginar el cuadro: un terreno árido y seco que se va transformando en arena, esta se acumula formando dunas de media luna y otras formas siempre simétricas y nada amorfas, detrás un lago de color aturquesado, y al fondo, las grandes montañas nevadas del Himalaya!!!! (ver foto nº ). A veces la naturaleza nos regala unas obras de arte que nunca el ser humano, por mucho que lo intente, puede alcanzar a plasmar.
Es lógico pues entender porqué las religiones de Oriente utilizan tantas veces la naturaleza como templo de sus dioses, cuando no es el mismo dios!
El campamento se montó a orillas de un tranquilo río cristalino. Y aún antes de que el sol se ocultase íbamos a disfrutar de un último regalo: las nubes monzónicas iban a abrir un hueco para que pudieran divisar uno de los frentes de La Gran Cordillera. Qué Cerca estaba el cielo de nuestras cabezas!
Para llegar a la frontera, primero se han de recorren 120 Ktms. desde Katmandú a través de una carretera que sigue la ribera del río. Tres horas de un camino espectacular, con puentes colgantes uniendo pueblos escarpados, gargantas de más de 1.000 metros de vertical y un río donde se practica el Rafting, dado su serpenteante y espectacular bajada.
¿Habeis visto alguna vez una frontera a 2.000 mtrs. de altura y con un desnivel de carretera de casi un 12%? Pues así es la línea que divide Nepal y Tíbet…¿o deberíamos decir China? Como territorio nos negamos a darle legalidad a la ocupación China, sin embargo para definir esta frontera tendríamos que decir que en su totalidad es el típico ESTILO CHINO ,- construcciones grandilocuentes con mucha fachada y poca utilidad, funcionarios aplicados a su función sin mostrar amabilidad alguna y que no se cortan en apuntarte con una “pistola/termómetro” a la frente para comprobar con qué temperatura entras en su país. También vemos las primeras pseudotiendas que venden desde cerveza a móviles y que tienen mucho parentesco con los todoacien de toda la vida.
Después de cambiar el jeep por un Land Croussier Toyota, hacemos la primera parada del viaje a tan solo 10 Kmts. La razón es que están ampliando y modernizando la carretera que une Jammu con Nyhalan y la ruta sólo queda abierta a partir de las 12 de la noche. Esta carretera tiene una importancia estratégica para China: es el nexo de unión con Nepal e India. Un mercado en potencia que el dragón amarillo no piensa desperdiciar
A las 12 comenzamos la subida. 30 kmts de baches, lluvia, niebla y oscuridad. Dos semanas después, cuando hacemos la misma ruta de día comprobamos la peligrosidad del camino. Sencillamente es la carretera que atraviesa el Himalaya! Pero luego volveremos a ella. Ahora solo comentaros que después de 4 horas de centrifugado corporal, llegamos a Nyhalam. Allí nos espera un hotelito tibetano, básico pero limpio, y los primeros síntomas de MAL DE ALTURA. Estamos ya a 3.850 mts. y la cabeza empieza a doler de lo lindo, lo que me impide pegar ojo y tener cara de pocos amigos cuando a las 9 de la mañana suena el claxon del Toyota. Bienvenido al Tíbet aventurero, país que llaman con razón “el techo del mundo”.
3.- LA NIEVE NACE EN EL DESIERTO.
Seguía nuestra pareja viajera dirigiéndose hacia el oeste, en busca de un objetivo, el Monte Kailas. Mientras, el coche sigue avanzando por anchos valles que en esta época, cuando el monzón está apunto de llegar a su fin, están aún cubiertos de frescos pastos y prácticamente inundados por la cantidad de agua caída. Observamos en el mapa del país cómo la montaña sagrada queda alejada de la gran cordillera del Himalaya por una depresión drenada al noroeste por el río Sutlej (principal afluente del río Indo y que nace precisamente de las aguas del lago Manosamovar) y al suroeste por el Tsangpo, o lo que es lo mismo el Alto Brahmaputra, otro de los ríos más importantes del sudeste asiático.
Cuando vemos las praderas tibetanas con sus yaks pastando, nos recuerdan al far west americano no sólo por el parecido del ganado, también por sus pastores a caballo que cubren su cabeza con sombrero estilo cowboy y la escasa vegetación que habita en el lugar y que permite tener visibles las reses en un radio de varios kilómetros. Cierto es que estos yaks son en su mayoría cruce de yak salvaje con ganado vacuno, y que su padre de especie, actualmente en peligro de extinción, puede llegar a medir hasta dos metros de altura y pesar una tonelada, cualidades que los híbridos actuales carecen. Sin embargo este útil animal logra abastecer un gran surtido de necesidades a los tibetanos: Son muy preciados como animales de carga; su leche es muy nutritiva y se extrae de ella una excelente mantequilla con la que elaboran el famoso butter tea; su carne es sabrosa y puede comerse tanto seca como cocinada (aunque a mi me pareció algo dura); su pelo se hila para fabricar cuerda y tejido, materiales con los que construyen sus tiendas,- y su piel curtida sirve para hacer diversos artículos de índole doméstico. Por último sus excrementos son el combustible que sustituye a la escasa madera que habita en estas altas extensiones de terreno. ¿Puede un animal ser tan útil al ser humano como lo es un yak para el tibetano?
Pero aún el día nos iba a deparar otras sorpresas. Lo bueno de viajar por estos parajes de climatología y modus vivendi extremos es que el contraste de elementos puede ser tremendo, incluso surrealista. Al atravesar un paso y acceder a otro enorme valle, se dibuja ante los ojos de los viajeros lo que pensaban que era un imposible de la naturaleza, un broma que les cuesta creer a pesar de tenerla de frente. Hacen parar el coche. Salen. Camino totalmente anonadado de frente queriendo tocar con mis pies lo que la razón me dice que no puede ser: Arena del desierto. Intenta lector hacer una cosa después de leer esta descripción, cierra los ojos e intenta imaginar el cuadro: un terreno árido y seco que se va transformando en arena, esta se acumula formando dunas de media luna y otras formas siempre simétricas y nada amorfas, detrás un lago de color aturquesado, y al fondo, las grandes montañas nevadas del Himalaya!!!! (ver foto nº ). A veces la naturaleza nos regala unas obras de arte que nunca el ser humano, por mucho que lo intente, puede alcanzar a plasmar.
Es lógico pues entender porqué las religiones de Oriente utilizan tantas veces la naturaleza como templo de sus dioses, cuando no es el mismo dios!
El campamento se montó a orillas de un tranquilo río cristalino. Y aún antes de que el sol se ocultase íbamos a disfrutar de un último regalo: las nubes monzónicas iban a abrir un hueco para que pudieran divisar uno de los frentes de La Gran Cordillera. Qué Cerca estaba el cielo de nuestras cabezas!
LA AVENTURA DEL TIBET I

¿Quiénes somos?
CHEMA PASCUAL.- Hizo su primer viaje de aventura en 1979 al desierto del Sahara. Desde entonces ha realizado multitud de viajes por el mundo. En 1990 decide dejar su trabajo fijo y comienza a viajar por Asia comprando artesanía que después va vendiendo en diferentes mercados de la península. En 2000 inaugura tienda/sala de espectáculos en Vigo con el nombre de RITUAL donde vende fundamentalmente instrumentos musicales. En 2003 se especializa totalmente en sonidos del mundo y su compañía pasa a llamarse RITUAL SOUND.
Aficionado a escribir desde hace dos décadas, es quien realiza los comentarios de este blog.
En 2001 conoce a Charo y viaja con ella desde entonces.
CHARO PALOMERO.- Viajera desde hace 17 años, cuando decidió viajar hasta las altas montañas del Nepal. Trabajó para Años Luz como guía de grupo por India y Nepal durante 4 años. En 1997 decide montar una tienda en Pollensa (Mallorca) para poder dedicarse a viajar comprando ropa y artesanía asiática. Su marca Zoe va haciéndose conocida y abre otra tienda en Pollensa especializada en moda infantil. En 2002 abre junto a su hermana Inés otra Zoe en Salamanca.
Su afición por la fotografía es cada vez mayor y es la responsable de las que se muestran en este comentario.
En 2001 conoce en Delhi a Chema y desde entonces viaja con él durante 5/6 meses al año.
¿A DÓNDE VAMOS?
Seis años después y ya recorridos la mayor parte del continente asiático, decidimos ir a Tíbet y llegar a dos de sus lugares más sagrados: el Monte Kailas, venerado desde hace más de 3.000 años por Hindúes, Böns, Budistas y Jainistas, y el Lago Manosarovar, uno de los lagos más altos del mundo y al igual que el kailas, sagrado desde hace cientos de años.
Lo malo de viajar al Tibet en el siglo XXI, es que hay que atenerse a las normas chinas, país que ocupó ilegalmente Tíbet en 1950 y que desde entonces controla su territorio, su pueblo y su cultura.
Dado que China en este contencioso no goza precisamente de mucha popularidad, se cuida muy mucho de que los extranjeros que viajen a Tíbet puedan hacerlo con total libertad. Por ello exige que todo viajero que cruce la frontera por Nepal, venga con un tour organizado, incluyendo siempre y en cualquier caso, un guía. Por ello, debemos romper la hucha y sacar un dineral para poder movernos lo más libre posible (que es como desde siempre nos gusta viajar) por Tibet. Así pues el grupo constaba de Patchi el conductor, Thasi, guía tibetano, Sanghe, el cocinero serpa y nosotros.
CHEMA PASCUAL.- Hizo su primer viaje de aventura en 1979 al desierto del Sahara. Desde entonces ha realizado multitud de viajes por el mundo. En 1990 decide dejar su trabajo fijo y comienza a viajar por Asia comprando artesanía que después va vendiendo en diferentes mercados de la península. En 2000 inaugura tienda/sala de espectáculos en Vigo con el nombre de RITUAL donde vende fundamentalmente instrumentos musicales. En 2003 se especializa totalmente en sonidos del mundo y su compañía pasa a llamarse RITUAL SOUND.
Aficionado a escribir desde hace dos décadas, es quien realiza los comentarios de este blog.
En 2001 conoce a Charo y viaja con ella desde entonces.
CHARO PALOMERO.- Viajera desde hace 17 años, cuando decidió viajar hasta las altas montañas del Nepal. Trabajó para Años Luz como guía de grupo por India y Nepal durante 4 años. En 1997 decide montar una tienda en Pollensa (Mallorca) para poder dedicarse a viajar comprando ropa y artesanía asiática. Su marca Zoe va haciéndose conocida y abre otra tienda en Pollensa especializada en moda infantil. En 2002 abre junto a su hermana Inés otra Zoe en Salamanca.
Su afición por la fotografía es cada vez mayor y es la responsable de las que se muestran en este comentario.
En 2001 conoce en Delhi a Chema y desde entonces viaja con él durante 5/6 meses al año.
¿A DÓNDE VAMOS?
Seis años después y ya recorridos la mayor parte del continente asiático, decidimos ir a Tíbet y llegar a dos de sus lugares más sagrados: el Monte Kailas, venerado desde hace más de 3.000 años por Hindúes, Böns, Budistas y Jainistas, y el Lago Manosarovar, uno de los lagos más altos del mundo y al igual que el kailas, sagrado desde hace cientos de años.
Lo malo de viajar al Tibet en el siglo XXI, es que hay que atenerse a las normas chinas, país que ocupó ilegalmente Tíbet en 1950 y que desde entonces controla su territorio, su pueblo y su cultura.
Dado que China en este contencioso no goza precisamente de mucha popularidad, se cuida muy mucho de que los extranjeros que viajen a Tíbet puedan hacerlo con total libertad. Por ello exige que todo viajero que cruce la frontera por Nepal, venga con un tour organizado, incluyendo siempre y en cualquier caso, un guía. Por ello, debemos romper la hucha y sacar un dineral para poder movernos lo más libre posible (que es como desde siempre nos gusta viajar) por Tibet. Así pues el grupo constaba de Patchi el conductor, Thasi, guía tibetano, Sanghe, el cocinero serpa y nosotros.
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